Entrevista a José Manuel Álvarez Maqueda, referente de la Pastoral de la Salud en España, realizada por Radio María en el programa "Tiempo de cuidar: Palabra de Capellán" el 18 de agosto de 2026. Presentado por Gerardo Dueñas.
- Estamos este mes de agosto haciendo una serie de programas especiales con nuestros capellanes, Palabra de Capellán, con la que cerramos cada programa habitualmente y esta semana vamos a viajar hasta Extremadura para conocer también a alguien que es referente de la Pastoral de la Salud en España. Ha sido miembro del equipo nacional de Pastoral de la Salud durante muchos años, delegado de Pastoral de la Salud de su diócesis, capellán de hospital, y viajamos hasta Badajoz para hablar con José Manuel Álvarez Maqueda. Querido José Manuel, muy buenas noches.
- ¿Estás en Badajoz ?
Sí, sí, estoy en Badajoz.
- Bueno, pues durante muchos años, hasta hace muy poquito tiempo, delegado de Pastoral de la Salud de Mérida-Badajoz.
Sí, hasta hace unos años, efectivamente.
- Y capellán de hospital, representante también de eso que llamamos el SIPS, el Servicio Interprovincial de Pastoral de la Salud de Extremadura, en el equipo nacional. ¿Cómo llegas a la Pastoral de la Salud, José Manuel?
Y entonces me acerqué a Comillas, a Madrid, que estaba el Padre Gafo organizando un máster y allí gocé y disfruté durante dos años. Me iba todos los fines de semana y la verdad es que fue muy enriquecedor y muy interesante. A partir de ahí, el señor arzobispo se dirigió directamente a mí para decirme, hombre, ya que estás metido en el mundo de la bioética y demás, ¿por qué no te centras en la Pastoral de la Salud? Y bueno, pues usted manda, usted dirá qué quiere que hagamos en la Diócesis ahora de servicio. Y así surgió Gerardo.
O sea, viniendo de eso de la formación de seminaristas y al acabar…. Hace dos semanas hablábamos con Manuel Chávez, que también esos primeros másteres, yo creo que él fue de la primera promoción, pues también le marcó y suscitó esa vocación al final, al cuidado. Y entonces comienzas como delegado y como capellán a la vez.
Efectivamente. Y a partir de ahí empecé a tomarle gusto a la Pastoral de la Salud porque me pareció una dimensión eclesial bastante importante, a la que quizá me parecía a mí que no le habíamos prestado demasiada atención. Y bueno, ahí empecé a conocer desde dentro toda la realidad del acompañamiento al enfermo y esto fue lo que me llevó a ir profundizando cada día más en este tema y sobre todo a nivel de práctica con el encuentro con el enfermo. Y por ahí derivo todo.
- ¿Qué es el capellán de hospital, José Manuel?
Pues mira, fundamentalmente yo lo diría, para entendernos bien, lo diría si es una persona que efectivamente ha sido designada para este tipo de acompañamiento, pero sobre todo sintéticamente, para acompañar a los que en una casa como un hospital lo están pasando mal. Están en esa etapa de vulnerabilidad que vamos a tener todos los seres humanos y esta dimensión que nosotros podemos ejercer empezamos a practicarla desde el momento en que nos ponemos en contacto con cada una de las personas que necesitan nuestra cercanía, nuestro acercamiento a ellos. Porque hay que hacerlo siempre con la actitud de aceptación por parte de cada uno de ellos.
Y ahí empieza una historia donde te vas dando cuenta de lo importante que es todo esto. Que más tarde o más temprano todos tenemos que necesitar de otro para acompañarte en dimensiones que son muy importantes y que algunas de ellas no están del todo todavía exploradas. Y así fue, así fue como me fue surgiendo no sólo la curiosidad, sino la vivencia personal de poder prestar un servicio en ese campo.
- Hemos leído, podemos leer, estoy acabando en estos días, si Dios quiere, la tesis precisamente sobre esto, sobre el acompañamiento espiritual al final de la vida. Hemos leído algunos artículos tuyos hablando de esto precisamente, de la labor hospitalaria. Incluso yo me he encontrado a mí mismo y digo no me acordaba que había escrito esto.
Eso nos pasa a todos. Aunque yo he escrito poco
- Bueno, alguna cosita interesante hay... Hay un número sobre acompañar al final de la vida en el hospital, precisamente creo que de 2019. Muy interesante. ¿Por qué nos cautiva esto? Hasta ahora todos los que hemos hablado, empezando por un servidor, no hemos tenido una, “vocación” clara al mundo de la pastoral de la salud, al mundo del acompañamiento espiritual de la persona que está enferma. Pero viniendo cada uno de diferentes orígenes, la semana pasada hablábamos con una laica que era organera, o sea de los que hacen órganos, o sea que es otra cosa distinta. Sin embargo llegamos, y esto engancha cuando mucha gente te dice bueno pero bueno estar con enfermos, estar en el hospital, en el hospital nadie quiere estar, ni de visita. ¿Por qué nos engancha?
Y por otra parte, también porque la atención a estas personas en el momento en que están viviendo la proximidad del final, pues ha sido hasta que apareció el grupo de los cuidados paliativos, pues ha sido también un poco… estaba necesitada enriquecerse. Cuando aparecen los cuidados paliativos también nos damos cuenta de que ellos reconocen que la mejor atención que se le puede dar a una persona es la atención integral, pero también nos damos cuenta de que esa atención integral no es fácil ofrecerla. No resulta fácil y a ellos les resulta también un poco difícil, a no ser que tengan un agente comprometido en las dimensiones que quizás ellos detectan, pero no exploran del todo desde el principio.
Y es que toda persona tiene una dimensión espiritual y una dimensión religiosa que nadie se encarga realmente de acercarse a cada persona para descubrirla y ayudar, en el caso de que lo acepte, ayudar a esa persona a ir vislumbrando cuáles son sus situaciones que necesita clarificar y que necesita de alguna manera reconciliarse con ellas. Entonces, ahí ciertamente, yo me contagié porque era un reto para nosotros y sigue siéndolo todavía. Somos agentes de pastoral, pero insuficientemente solicitados para esta tarea, incluso estaría dispuesto a reconocer que no siempre es suficientemente preparado.
Pero es necesario, es muy necesario, porque muchas personas llegan al final, a lo mejor, perdiéndose esa necesidad de identificar dónde están esos valores profundos que le han alimentado y que, sin embargo, porque nadie a lo mejor cerca les ha ayudado a detectarlos y a vivirlos mejor y a reconocerlos en su vida, pues a lo mejor no ha tenido esa oportunidad. Y esto para mí ha sido siempre un acicate, hasta el punto de que en algún momento yo les he insistido al grupo de paliativos, hombre, avisarnos que seamos capaces de acercarnos a las personas que, por lo menos, si no reclaman, por lo menos acepten una presencia que les pueda permitir ahondar más allá de todo lo que médicamente se le puede ofrecer y también desde otros muchos aspectos de la vida. Y ahí está para mí una necesidad de descubrir que lo necesitamos todos.
- Es muy interesante, porque efectivamente la dimensión espiritual es una dimensión propiamente humana. Nadie vive su vida humana, por mucho que habrá algunos que vivan una fe más profunda, menos profunda, o que digan, o que no tengan fe trascendente. Pero todo el mundo tiene una dimensión espiritual, un necesitar el sentido de las cosas, la necesidad de ser amado por quien quieres, la necesidad de reconciliación, la necesidad también, aunque no sea de una trascendencia religiosa, de trascender un poco esta vida.
Y todos están de acuerdo, por lo menos en paliativos, que hay que hacer un acompañamiento integral. Sin embargo, a veces vemos que eso cuesta integrar esa dimensión espiritual y que los cuidados paliativos no se queden únicamente, que ya es una cosa positiva, en el control de síntomas, que no me duela, que no tenga un dolor insoportable. Pero desde el principio siempre se ha hablado, la fundadora de cuidados paliativos, Cicely Saunders, de ese dolor total que necesita ser acompañado en lo físico, en lo psicológico, en lo relacional y en lo espiritual.
Sí, sí, y además ellos lo reconocen, pero no sé si es que… no creo que se resistan, pero sí que es verdad que faltan agentes suficientes para que esta dimensión se desarrolle y se aplique en la medida en que se necesite, porque no se trata de imponer nada, sino de descubrir que toda la interioridad de las personas supone un cúmulo de valores que muchas veces no se reflejan en una fe religiosa, pero sí hay una riqueza personal que es una pena que no se le ayude a contrastarla y a reconocerla, y a que sea capaz de sentirse ante el final de su vida agradeciendo todo lo positivo que lleva por dentro. Me parece que este es un reto para todos los que estamos cerca de los que acompañamos a los enfermos en los hospitales.
- Claro, naturalmente respetando la libertad, pero para respetar la libertad también, para que el otro tenga libertad de elegir, tiene que saber que existe el acompañamiento espiritual, sino cómo lo va a elegir.
Efectivamente. Habría que hacer también un trabajo quizá previo para que todos los capellanes también… Bueno, mira, si me lo permite, en primer lugar, yo creo que lo que tendríamos que plantear desde la capellanía es que la atención al enfermo tiene varias dimensiones importantes. Una de ellas es la sacramental, no cabe duda.
Pero, claro, yo he entendido siempre que la dimensión sacramental solamente encaja bien cuando hemos sido capaces de conectar con el sentimiento religioso de esa persona y cómo esa persona en ese momento puede encajar bien la presencia de un Dios que le quiere, que se encuentra con él, y que a partir de ahí, posiblemente, sea necesario preguntarle tú quieres que se acerque a ti de esta manera o de aquella otra. Es decir, que la dimensión sacramental tan necesaria se tiene que conectar en primer lugar con una conexión entre el capellán y el enfermo, y ayudar a detectar al enfermo que necesita necesariamente el encuentro con Dios. Digo necesariamente en el sentido más gratuito de la palabra, porque en realidad todas las personas que tenemos o reconocemos a Dios en nuestra vida, unos de una manera, otros de otra, pero todos necesitamos esa cálida ternura de un Dios que nos quiere profundamente y que alguien nos puede ayudar a detectar mejor.
Y a partir de ahí, probablemente, enganchen mucho mejor esos encuentros que se pueden realizar a través de la Eucaristía, a través de la reconciliación y a través de la unión. Entonces, la dimensión sacramental la vería también muy incorporada al encuentro que nosotros podemos lograr con cada uno de los enfermos, dedicando eso. Dedicando lo que solemos decir, que yo no estoy en el hospital para ofrecer sacramentos solamente, sino que estoy para acompañar a alguien que seguramente va a coincidir conmigo en que Dios nos quiere entrañarle e incondicionalmente.
Y eso se puede y se debe celebrar en un momento tan importante de la vida como ese. Entonces, el acompañamiento es lo que mejor entiendo que puede definir nuestro trabajo en el hospital. Claro, para eso hace falta dedicar tiempo, dedicar un espacio desde donde nuestro encuentro con el enfermo nos pueda ayudar a ir conociéndole poco a poco y a ir detectando lo que yo llamaría la exploración sencilla de cómo a esa conectar de una manera palpable con el Dios que le quiere, por una parte y por otra, también lo que significa que en ese momento para él es muy importante que se haga consciente de lo que ha vivido a lo mejor precariamente en su propia vida, pero que ahora no le va a importar al Dios que le quiere que haya sido así.
Lo importante es que en ese momento Dios está muy presente en él o en esa persona. Bueno, a mí me parece que todo esto también tiene que ser una concienciación del capellán. A veces yo mismo no apunto a nadie, a veces que salvemos la dimensión sacramental y venga en este momento, ¿quiere usted que le traiga la comunión? Pues muy bien, yo se la traigo sin problema.
Y a partir de ahí, bueno, ¿y ahora qué hacemos? ¿Cómo logramos que esa persona que en su dimensión religiosa tiene mucho que decirse a sí mismo lo puede actualizar, lo puede hacer vida y carne en ese momento? Pues esto es lo que creo que es muy necesario que nosotros mismos vayamos poco a poco incorporando a nuestra función.
¿Sabes qué pasa? Que esto de la práctica pastoral, al fin y al cabo, es algo que nosotros desde el seminario teníamos que haber madurado un poco más. No sé si a ti te pasó o no, pero yo creo que a nosotros nos faltó la dimensión pastoral mucho más desarrollada.
En ese sentido, chocarnos con que la pastoral de la salud es tan importante para la vida de las personas en un momento determinado, que necesitaríamos haber ahondado más. Y si no fue así, efectivamente encargarnos de buscar cursos y afortunadamente hay muchas cosas positivas y enriquecedoras que nos pueden ayudar. Y a partir de ahí, también ayudarnos mutuamente unos a otros con bibliografías, pero sí que es necesario que la formación la reconozcamos.
Mira, yo leyendo cositas de estas para alguno de los artículos, en alguna ocasión, bueno, pues la Iglesia a lo largo de la tradición ha ido organizando el arte de ayudar al bien morir. ¿Y cómo esto no se nos ha transmitido bien? De tal manera que sepamos un poco cuáles son las herramientas que nos podrían ayudar. Porque parece ser que es verdad que la Iglesia se ha encargado de ayudar a las personas a bien morir.
Bueno, pues vamos a ver la dimensión de la capellanía..., porque yo creo que es de las pastorales más dedicadas que hay, en el sentido de esto, que no son actuaciones prácticas concretas en las que se entra y se sale con facilidad, sino que hay que dedicar a cada persona y a cada paciente unos tiempos que a lo mejor muchas veces no siempre tenemos. Pero sí lo que tú decías, que tuviéramos recursos suficientes para decirnos a nosotros mismos, a esta persona, desde esto que por aquí o por aquí o por aquí le podría ayudar, una pequeña reflexión o detectar con él algunos aspectos que le ayuden. Yo creo que esto nos corresponde a todos, a todos los que estamos implicados en esto.
Claro, naturalmente, hombre, esa ha sido también tarea como delegado. Digo que ha sido una de las tareas, esa formación permanente de laicos, de capellanes.
Sí, ese ha sido un paso importante. Fíjate que el laicado en ese sentido ha sido más sensible, quizás, en incorporarse a nosotros. Uno de los logros de los que nos sentimos un poco orgullosos es de que se hayan podido crear algunos grupos de voluntariado en el mundo hospitalario, porque el laicado tiene mucho que aportar, mucho, mucho el laicado creyente. A mí me parece que cuando nos encontramos todos juntos coincidimos en que hay capacidad en cualquier persona, aunque no tenga unos compromisos especiales de consagración y tal, pero sí que pueden hacer una labor preciosa en el acompañamiento de los que viven ya una gravedad importante. Entonces, esa tarea creo que la debemos ejercer. No solo la debemos ejercer.
Yo descubría, a lo mejor un poco tarde, que los propios convenios de la sociedad civil con nosotros nos permitían crear algunos grupos que complementaran nuestra labor en los hospitales. Ahí nos agarramos rápidamente para que los grupos de voluntariado en el hospital tuvieran una entidad reconocida y pudieran desempeñar con nosotros una labor complementaria. A mí este aspecto me parece muy importante que se haya ido logrando poco a poco. El laicado es muy rico.
Buenas tardes, Gerardo. Trabajando como enfermero aquí en San Camilo, he aprendido que la gratitud no es solo una emoción, sino una actitud, una manera de vivir. En medio de la fragilidad, del dolor, incluso del final de vida, siempre hay algo que agradecer.
El Salmo 100 lo dice con fuerza. Entremos en su presencia con acción de gracias. Y yo creo que vivir agradeciendo es una manera muy hermosa de conectarnos con Dios, de situarnos con realidad en su presencia, como hijos, como criaturas, y también con lo mejor de nosotros mismos.
Dar gracias es una acción continua por quienes nos enseñaron a los enfermeros esa profesión tan hermosa, por compañeros y compañeras que nos sostienen y que os sostenemos mutuamente, y quizás sobre todo por los pacientes que incluso en la debilidad enseñan a cuidar desde el alma, y enseñan tantas lecciones de vida, un aprendizaje continuo quien tiene esta apertura de corazón. También por las familias y amigos que tanto hacen por nosotros. También por la luz del sol, por la comida y el plato que tenemos en la mesa cada día.
Hay una frase que también me gusta mucho de Lao Tsé, dice el agradecimiento es la memoria del corazón. Y quizás pobre de aquel que pierde la memoria, que pierde esta memoria de agradecer a tantos y tantas que han facilitado la vida. Y es que es verdad, recordar con gratitud nos libera de la queja continua, del enfado crónico y nos ayuda a mirar la vida con humildad y con alegría. Agradecer no cambia lo que pasa, pero sí cambia cómo lo vivimos. Y al final eso lo cambia todo.
- Continuamos hablando con José Manuel Álvarez Maqueda desde Badajoz, compartiendo sueños historias de la Pastoral de la Salud, del acompañamiento en el hospital También hay que cuidarlos a ellos, ¿no, José Manuel?
Sí, sí, totalmente de acuerdo. Yo creo que el hospital es una gran familia, aunque cada uno se sitúa de diferente manera. Pero ciertamente hay que desarrollar una sensibilidad de cercanía, de empatía, porque todos tenemos una misma función y es colaborar conjuntamente a que el paciente vaya encontrando las razones por las que está en ese momento necesitado de una ayuda. Y si la recibe bien de cada uno de los sectores desde donde estamos ejerciendo nuestra tarea, pues mejor que mejor.
Y es verdad que es una tarea a veces difícil, porque cada uno tenemos nuestras exigencias como trabajadores de la casa y, por tanto, no siempre el tiempo que necesitaríamos para desarrollar momentos de encuentro y de compartir cosas. Pero ciertamente la amistad, el poder conectar diariamente muchas veces en los pasillos o tomando un café, o incluso en las propias habitaciones, nos hace coincidir en la sensibilidad mutua de que hay gente que nos está necesitando y nosotros necesitamos también desempeñar una labor lo mejor posible y lo mejor desempeñada. Yo creo que es una de las cosas que hemos heredado también de todos estos años sobre el tema de la bioética, cómo nos sigue ayudando a profundizar en que hay que mejorar la dimensión ética de la vida y ejercerla lo mejor posible, desempeñando cada vez mejor nuestras actitudes y aquello que realmente puede contribuir a que el enfermo conozca su situación mejor, de ahí su derecho a una información veraz y adecuada, y que al mismo tiempo alguien le dé las herramientas que necesita para ir poco a poco colaborando él mismo con lo que puede suponer para él una mejoría de una situación que para él puede ser esperanzadora.
Me parece que coincidimos todos en ese sentimiento de esperanza y, por supuesto, desarrollando una actitud de gratitud, como diría Pedro, que me ha encantado el comentario. Eso es lo que pienso.
- Hablando con otros profesionales, con las familias que también están presentes, que se ven como una especie de terremoto familiar cuando un ser querido está en el hospital, quizá uno de los riesgos en los que nos tenemos que recordar entre todos es no acostumbrarnos a convivir con ese sufrimiento, porque es verdad, tenemos muchos pacientes, tu hospital es un gran hospital, un hospital de referencia de toda la comunidad autónoma y más, pero para cada familia, para cada paciente, lo que está viviendo es único.
Sí, ciertamente. Creo que has tocado un punto sensible, porque es fácil acostumbrarse a la tarea de cada día y hay que visitar y hay que encontrarse de nuevo con una realidad que en algunos casos es novedosa, pero con otra que ya viene siendo una realidad difícil, complicada a lo largo de los días. A mí esto es lo que me ayuda quizá a identificarme más con la situación de cada uno de los enfermos.
Las visitas que vamos coincidiendo con cada una de las familias y te das cuenta de las dificultades por las que va pasando, cada situación familiar y tal. Pero no cabe duda de que tenemos que hacer un esfuerzo siempre para poder estar y poder acercarnos a la realidad de cada uno de ellos, en toda la novedad que cada uno pueda vivir. A veces con mucha dificultad, pero sí es necesario, sobre todo cuando entran los miedos y la familia se cierra con mucha dificultad, para que podamos incluso nosotros trabajar un poquitín más de cerca con el enfermo.
Entonces, romper esos círculos de protección que a veces se forman en torno, como tú ya conoces, al enfermo, pues nos resulta un poco difícil. Pero ciertamente, cada vez que pasamos por la realidad del enfermo, nos tiene que ayudar a nosotros a ser conscientes de que cada caso, cada situación es única. Tienes razón.
- ¿Cuántos años de capellán de hospital, José Manuel?
Veintitrés, veinticuatro...
- ¿Hay momentos duros?
Sí, ciertamente. Hay momentos en los que, dependiendo también, porque cada uno lleva su propia mochila y a veces, ciertamente, nos resulta fácil poderte despegar de lo que está gravitando sobre ti. Y tienes razón, que muchas veces las situaciones de dificultad fuerte en el hospital, para que tú las puedas sobrellevar bien, necesitas hacer un ejercicio de decirte a ti mismo que tu realidad es la que es, pero al mismo tiempo la realidad de esta persona es muy importante para ella que tú le prestes un mínimo de atención especial. Y se pasa mal, se pasa mal, ciertamente, en ese sentido.
Y luego, bueno, también tú tienes que aceptar la presencia de personas a las que quieres mucho y no tienes más remedio que estar ahí cerca acompañando con el mejor ánimo y con la mejor actitud. Ciertamente, no resulta siempre fácil esta tarea, pero bueno…
- Y me decía, fíjate, me venía a la mente ahora con esto de la dureza, unas palabras de un, como decían, un veterano o capellán durante la pandemia, en los peores momentos, que diciendo me he encontrado solo en la capilla llorando ante esa situación que nos sobrepasó a todos, ¿no? Pero es verdad, ese era un momento más social, pero es que hay casos que se nos meten dentro y que está bien ahora, que también hay que recomponerse, saber que somos humanos, pero no quemarnos. No sé ¿cómo se hace eso?
- Ahora no todo es un drama, también hay momentos muy bonitos en el hospital.
Sí, muy satisfactorios. Yo los he vivido…
- ¿Con qué te quedas? Compártenos alguna anécdota.
Los he vivido… Fíjate, con el voluntariado, los he vivido participando de la alegría que supone para ellos el poder constatar que su presencia y su actuación ha sido, para esa persona que lo está pasando muy mal porque estaba muy grave, ha sido un momento de alivio, incluso de alegría, de reconocimiento, de…, por la gratitud a que esas personas estén allí dedicadas en ese momento a ellos, sabiendo que tienen también los voluntarios, sus familias y sus momentos de necesidad de expansión. Entonces, con ellos los he vivido en muchas ocasiones, fíjate.
Y también personalmente he sido capaz de sentirme muy gratificado por dentro, cuando las personas te reconocen que la labor nuestra no es inútil, que está siendo una posibilidad de encontrar esperanza. A mí eso me sobrepone, porque es algo muy importante. Eso sí que no es ninguna medicina, sino que muchas veces lo que tienes es muy pobre y, sin embargo, surte de esto. O puede que sea útil para algunas personas porque lo necesitan en ese momento. Sí, sí, ciertamente.
- ¿Dios está en el hospital o está en el enfermo?
¿Lo creemos? Pues yo creo que sí, creo que sí que lo creemos. Lo que pasa es que este es un misterio de dolor, es un misterio de todo lo que significa el proceso de la vida de cada persona. Y la pregunta para mí es, Señor, es cómo poder colaborar con tu presencia también en la vida de estas personas y cómo contribuir no solo con los recursos en los que uno puede confiar más o menos, sino cómo contribuir para que esta persona se encuentre más transparentemente y le pueda ayudar a que confíe y a que sea capaz de esperar en medio de su gran dificultad. Sí, claro que sí, ciertamente.
- Para terminar, si miramos atrás y hacemos un viaje en el tiempo, aquella entrevista con el arzobispo diciendo "ya que has acabado el máster en bioética, yo creo que te deberías dedicar a esto, además de por obediencia, que está bien, ¿te volverías a meter en esta aventura?
Ha merecido la pena y me volvería a meter, ¡claro que sí! Es más, tengo una gran dificultad para abandonarla, es decir, no para abandonarla, sino para tener que reconocer que uno, ya a veces, no puede estar en todas partes y dedicándose cuando tú necesitas cuidarte, que otros te cuiden también.
- Es difícil también dejarse cuidar.
Es difícil, yo te lo reconozco. Y por eso nos cuesta más a lo mejor retirarnos de la posible ayuda que puedas ofrecer.
- Ha merecido la pena. Pues ha sido un lujo, querido José Manuel, compartir esta noche juntos y a seguir cuidando y a seguirse dejando cuidar.
Muchas gracias, Gerardo, a ti también. Ya sabes, en cualquier momento que supongas que pueda haber una posibilidad de animar a otros y de aportar algún motivo de esperanza, pues aquí me tienes, ¿vale?
- Contamos contigo.
José Manuel Álvarez Maqueda, capellán del Hospital Perpetuo Socorro de Badajoz, muchos años, delegado de Pastoral de la Salud, representante en el equipo nacional que nos ha acompañado esta noche. Un abrazo grande, José Manuel.
Un abrazo, Gerardo. Hasta pronto.





