Yo no te olvidaré
(Is 49,15)
Queridos hermanos y hermanas:
Por boca del profeta Isaías el Señor promete que no se olvidará nunca de ninguno de nosotros. Nos asegura que nuestros rostros los lleva tatuados en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16) y que su amor es más grande que el de una madre por su hijo (cf. Is 49,15). El profeta nos permite entrever un diálogo íntimo y personal en el que Dios se dirige a cada uno y al pueblo tratándole de “tú”. También hoy podemos leer estas palabras dirigidas a nosotros y cada uno puede escuchar ese “nunca te olvidaré” como referido a sí mismo.

